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Rep.Dominicana (6 de 8) – Punta Rucia & Río San Juan

500km en moto: agua turquesa, selva y langostinos
Antes de continuar mi camino hacia la península de Samaná, realicé un par de excursiones con Pequeño. Él fue quien me propuso alquilar una pasola (moto tipo scooter) y ser el conductor. Así sería mucho más económico que hacer una excursión organizada (según él cuestan 180$). Imagino que la alquilaría a algún amigo porque me costó sólo 400 pesos/día (8€). Yo ya ni le pregunté si tenía Seguro de accidentes porque por ese precio… También crucé dedos porque íbamos sin casco, bueno casi nadie lleva.
Primer destino, Punta Rucia y sus preciosas playas, a unos 140km de distancia de Puerto Plata. Vamos, que si lo llego a saber no voy. Por qué? Pues porque un trayecto de esa distancia yendo de acompañante en una scooter, por unas carreteras llenas de socavones… es muy incómodo y cansado. Ni decir que, chulo de mí, fui con una camiseta sin mangas y sin ponerme protector solar. Resultado, ligeras quemadas en brazos, frente y cuello.

Vamos de excursión | © Marc Iglesias |


Pero también llovió y pasé un frío de narices.
El trayecto la verdad es que es muy bonito y variado. A parte que nunca me cansaré de ver lo variopinto del tráfico de este país, y lo que es capaz de transportar la gente en moto, coche o camioneta.

El ‘country’ llega muy lejos | © Marc Iglesias |


Ahorrando en transporte | © Marc Iglesias |


Ahorrando en transporte escolar | © Marc Iglesias |


Creo que las fotos que muestro son de una playa justo antes de Punta Rucia, llamada La Ensenada. Igualmente todas las playas de la zona son bonitas y tranquilas, aunque seguro que influyó que era un martes.
Ahora sí, por fin, me sentía en el paraíso. La perfección sería con arena blanca, pero tiempo al tiempo.

Cerca del paraíso | © Marc Iglesias |


Foto postalera | © Marc Iglesias |


Pureza | © Marc Iglesias |


Allá comí un pedazo langostino, lástima que no me entusiasma el marisco.

Langostinos dominicanos | © Marc Iglesias |


Y Pequeño se jaló un bonito pescado.

Bonito y rico pescado | © Marc Iglesias |


Segunda excursión: Ciudad Río San Juan y la Laguna Gri-GRi.
Primera parada, a comprar una gorra para evitar el solarro en la frente.
Por el camino cruzamos Sosúa, y a continuación un pueblo ideal para los amantes de los deportes de agua y viento como el Kite-Surf, Cabarete.
Luego Pequeño me llevó a un sitio (no me preguntéis la zona) que enseñaban plantaciones de cacao y otras plantas. Me hizo de guía un chaval mu majete, explicando todo con detalle, incluso me “peló” un coco. No sé por qué siempre pensé que el agua del coco sería mucho más dulce…

Cacao | © Marc Iglesias |


Abriendo un cacao. Lo blanco se come. El gusto me recordó a una chirimoya | © Marc Iglesias |


Pelando un coco – parte 1 | © Marc Iglesias |


Pelando un coco – parte 2 | © Marc Iglesias |


La siguiente parada fue la ciudad de Río San Juan, donde se ubica la Laguna Gri-Gri (viene de un árbol llamado así). Esta laguna es famosa por el tranquilo paseo en barca y sus manglares.
La anécdota fue que viajé sólo en el bote, como un Rey. El precio eran 1400 pesos (27€), de 3 a 6 personas. Es decir, contra más personas más económico salía. Al llegar allá había una pareja de ingleses y pensé, qué bien, 3 es poca gente y así me sale bien de precio. Pues fliparía cuando Pequeño y yo fuimos incapaces de convencerles para que fueran conmigo en el bote. Incluso les ofrecí pagar la mitad, es decir, yo 700, y ellos 350 cada uno. Pues a joderse con los ingleses, que no, que se irían al hotel a buscar más gente porque lo encontraban caro :S
La madre que los trajo, la de pasta que se estarían gastando en el hotel, y eran incapaces de pagar 14€ para viajar los 2.
Pues pa chulo yo, pregunté si podía viajar yo sólo y aceptaron por 800 pesos. Ale, pase VIP pal menda.

Pa guiri, yo | © Marc Iglesias |


Capitanes del bote | © Marc Iglesias |


Estuvo bastante bien el viajecito, y duró más de lo que pensaba, una hora de paseo por la laguna, mar, cueva y manglares.

Laguna Gri-Gri  | © Marc Iglesias |


Manglares en Laguna Gri-Gri | © Marc Iglesias |


Manglares en Laguna Gri-Gri | © Marc Iglesias |


La excursión acabaría de una forma genial, tan solo a 10 minutos en moto, en la playa Caletón.
También bonita, pero lo mejor fue la comida. Menudo plato de camarones (gambitas), Mero, y Batata (no patata) frita que nos arreamos Pequeño y yo. Qué delicia!

Qué delicia de camarones | © Marc Iglesias |


La semidulce batata y el omnipresente plátano | © Marc Iglesias |


De vuelta, en una gasolinera, me volví a fijar en la escopeta del vigilante de seguridad. Después de hablar con él, sacó los 6 cartuchos porqué cambiaba de turno, y se dejó tomar unas fotos por una propina. Otro listo.

Seguridad en gasolineras | © Marc Iglesias |


La noche antes de irme de Puerto Plata, Pequeño quiso despedirse llevándome de nuevo al Club nocturno, asegurándome esta vez que sí habría espectáculo.
Al menos esa vez había algo más de gente en el local. Estuvo entretenido porque una la gogó (por llamarlo así) no paraba de flirtear conmigo a ver si me llevaba al huerto. Me estoy sorprendiendo del aguante que puedo tener, pero tampoco tiene mucho mérito cuando sabes que para llevártela a la cama has de aflojar la billetera. Por cierto, de striptease nada, solo dio un par de vueltas en la barra vertical, eso sí, se aguantaba sólo con las piernas…
Pequeño me escribió en un papel su email y el teléfono de 3 familiares para estar en contacto con él. Y que no lo olvidara. Por supuesto que no, gracias a él he pasado los días más interesantes de mi estancia en este original país.
Esa noche, ya en el hostal, me dijo que aún no me fuera a dormir y esperara en la habitación… Pero esa historia me la reservo para mí 😛
GALERÍA DE FOTOS

Desde la moto, yendo a Punta Rucia | © Marc Iglesias |


Venta de plátanos verdes | © Marc Iglesias |


Siempre hay alguien amable en Dominicana | © Marc Iglesias |


Me ido encontrando zapatos colgados por muchas ciudades del mundo. Una nueva teoría es que son de gente que falleció. | © Marc Iglesias |


Muchos envases son de 500ml, hay que tomar nota | © Marc Iglesias |


Curiosa decoración en Playa Caletón | © Marc Iglesias |


Me pareció ver un lindo gatito | © Marc Iglesias |


Guardián de la plantación de cacao | © Marc Iglesias |


Flor del plátano verde? | © Marc Iglesias |


Ahora ya sé de dónde sale la piña | © Marc Iglesias |


Carteles dominicanos. Sin comentarios | © Marc Iglesias |


Rep.Dominicana (5 de 8) – Puerto Plata

¡Uno de los días más intensos e interesantes de mi vida! : susto, putiferio, ‘Pequeño’, night-club
Antes de nada, decir que ya he visto con mis propios ojos a una moto en la que iban: niño + adulto + niño + niño + adulto. Qué grande.

En esta ocasión, además de 2 adultos, “sólo” iba 1 bebé… | © Marc Iglesias |


Recordáis a María, la chica que conocí en el autocar camino a Sosúa? (hablé de ella en el artículo anterior)…
Pasó 1 día entero hasta que me acordé que no tenía cobertura de móvil en la habitación del hostal de Sosúa. Al buscar señal recibo aviso de 6 (seis) llamadas perdidas de María.
Qué raro, se suponía que ella estaba en Santo Domingo, y habíamos quedado en que yo le llamaría si pasaba de nuevo por la capital. Voy a llamarla, a ver qué quiere.
Me dice que estubo intentando localizarme porque el día anterior había estado en Sosúa, pero que ahora estaba en Puerto Plata. A ver, no entiendo nada. Pero si me dijo el día que nos conocimos que ése mismo día volvía de nuevo a Santo Domingo. ¿Qué demonios seguía haciendo en el norte del país?
Le explico que yo no estaba fino, algún alimento me había sentado mal, pero que si al día siguiente me encontraba mejor la llamaria para ir a verla a Puerto Plata. Me dice que Ok, pero que a la tarde ya se iba.
Al día siguiente me levanto a las 8h. Mierda, no hay electricidad, y apenas veo en la habitación/cueva. Al menos me encuentro mejor del estómago. Desayuno y llamo a María; no responde. Mmm bueno, voy a esperar, quizá ta sobando y no lo oye. Le envío SMS diciendo que me encuentro bien, y que si le apetece quedar que me diga dónde voy de Puerto Plata. Pasa 1 hora, sin respuesta. Coñazo porque al no haber luz tampoco hay Wifi. Joder, qué hago. Sabes qué, me piro pa Puerto Plata de todos modos, ya me dará señales de vida la chica por el camino… Pobre iluso.
Decidí pillar un carro-público. Qué caña, 45 pesos (menos de 1€) un trayecto de unos 25km. Eso sí, apretado con una titi en el asiento de copiloto.

Pollito! | © Marc Iglesias |


Llegando a Puerto Plata, me pregunta el conductor que dónde me deja. Yo le respondo lo que me salió del alma, que ni idea. Pues se me quedan el conductor y pasajeros mirando. Suerte que al momento se ríen… Le digo que estoy esperando la llamada de una amiga, pa decirme dónde cojones tengo que ir.
El pagafantas llama de nuevo a María; sigue sin contestar. La madre que la trajo.
El conductor finalmente me deja una zona conocida, el Parque Central. Pos ale, cargo la mochilota de 60 litros a la espalda, y la delante la pequeña con el portátil y cámara. Discreto que es uno oye.

Preciosas palmeras dominicanas | © Marc Iglesias |


Y empiezo a caminar sin rumbo, bueno sí, a la playa. Mientras paseo, voy mirando el móvil cada 5 minutos, por si la señorita se digna a dar señales de vida. Como ya podréis imaginar, nunca más se supo. Impresentable. Tate, que ésta cuando le pique el chichi me llamará, o sea, cuando quiera dinero, sino tiempo al tiempo.
Paseo por el bonito Malecón, la avenida que transcurre paralela al mar.

Paseando por el Malecón de Puerto Plata… | © Marc Iglesias |


Cada vez que tomo una foto guardo la cámara. De vez en cuando veo grupitos de gente, y no me fío un pelo.
Desde la calle, que está como a 5 metros elevada sobre el nivel del mar, veo un tronco de árbol caido en una bonita zona de playa. Previsualizo la foto; seguro que queda genial. Como no veo a nadie alrededor, me animo a bajar hasta la zona solo. O eso pensaba yo, que no había nadie más.
Cuando llego al tronco, y estando a punto de dejar las mochilas en el suelo, me habla un tío a sólo 2 metros de distancia. Jo-der-qué-sus-to.
Me giro, y veo un ‘blanquito’ (llaman así a toda persona americana o europea).
Michael, que así se llama, primero me advierte que no esté solo en sitios como éste. Que si él me ha visto, un ‘tigre’ (delincuente) también puede, y si me ven con una cámara ‘grande’ como la mía ya ni te cuento.
A continuación me explica una historia que me trago de pleno. Dice ser un austríaco al que robaron el pasaporte y dinero, y que hasta dentro de dos semanas no recibirá una ayuda de no se quién. En fin, me dice que sólo quiere que le acompañe a una tienda de cigarros a oír una charla (me da una tarjeta del lugar), y así él ganarse 200 pesos (4€) de comisión, asegurándome que no tendré que comprar nada. Dice que al menos así tiene para comer. Intento darle largas, pero a parte de seguir insistiéndome, me voy dando cuenta que no me conviene enfadarlo estando ahí solo, y con todas mis pertenencias encima. Al comentarle que aún no sé dónde me alojaré me comenta que conoce un lugar realmente barato, limpio y tranquilo, donde él estuvo hospedado. Parece que no tengo escapatoria. Antes de irnos le digo que me deje tomar las fotos que había venido a hacer…

Una de las fotos que tomé después del susto | © Marc Iglesias |


Pos ale, que pase lo que tenga que pasar, sigo a Michael. Éste silba a un taxista que estaba aparcado al otro lado de la carretera. Parece que se conocen. Mira tú qué casualidad. Comisión viene, comisión va. En 5 minutos nos plantamos delante de una tienda de cigarrillos, pero pa mi sorpresa no entramos ahí, sino que subimos unas escaleras justo al lado. Era el hostal que me había comentado. Aquí me presentan a Pequeño, un hombre moreno y bajito (quien por cierto ése mismo día cumplía 44 años). Es quien alquila las habitaciones, y mi fuente de futuras y enriquecedoras vivencias.

‘Pequeño’ de nombre, pero gran corazón | © Marc Iglesias |


Me enseña el lugar, de lo más humilde que he visto, pero me lo deja en 250 pesos (5€) la noche. Mi habitación es pequeña, aparentemente tranquila, de pareces blancas y sucias, sin decoración. Una mini TV y un cuartito de baño con ducha. El agua caliente que me prometió Michael brilla por su ausencia, pero en el Caribe tampoco sale helada. Quien, por cierto, al ver que me quedaba en el hostal me pide 200 pesos para comer. Sea verdad o no, gracias a él encuentro este chollo de lugar y acepto a darselos.

“El España” primera Casa de Huéspedes de Puerto Plata (yo me alojé en la rosa) | © Marc Iglesias |

Me dice que después de comer me pasa a buscar para ir al sitio ése de los cigarros (Sería el que estaba justo al lado del hostal?) No lo sé, aún espero que me lleve… Pequeño me explica más tarde, que la historia de Michael es falsa. Pues qué rebuscado el hombre, si me llega a decir desde el principio que a cambio de 4€ me lleva a un hostal barato seguramente habría aceptado. Desgraciadamente voy descubriendo que aquí miente muchísima gente, ya sea para necesidad o por vicio.
Pequeño me pregunta qué quiero para comer, y mi sorpresa cuando me dice que él me lo va a comprar y cocinar! Yuhuuuu. Ya os comento que en los próximos días este crack me preparará desayunos, comidas y cenas, y todo bien rico.
Después de conocer a una de sus hijas, salgo con él a dar una vuelta.

Bienvenida de una de las hijas de ‘Pequeño’ | © Marc Iglesias |

Me dice que con él puedo salir a tomar fotos con tranquilidad, aunque Puerto Plata no aparenta ser tan peligroso como las grandes ciudades. He de aprovecharlo.

Sirena en el puerto | © Marc Iglesias |


Algunos encuentran demasiada tranquilidad dentro de las Iglesias | © Marc Iglesias |


Salir con él es ya una aventura, todo el mundo me reconoce como gringo (turista) a millas y me quieren ofrecer algo (desde taxis a prostitutas) o pedir dinero. Pero lo bueno es que Pequeño les grita “¡Pero si es mi primo Pancho, de Santiago!” y se ríe. Pues sí, el tío me ha bautizado como Pancho. Hay que joderse.
No he tardado mucho en darme cuenta que todos en la zona se conocen, y se hablan en código, no es coña. Avisan de si a tal turísta es fácil sacarle dinero, o que es duro de pelar, como yo. Entre lo tacaño que soy a veces, y que aquí casi todo el mundo te quiere timar…
Pequeño me pregunta si quiero ir a la peluquería, no es que me haga mucha falta, pero tendré que ir igualmente. Por cierto, otra ventaja es que yendo a los sitios con él, consigo que no me cobren el 200% o 300% por ser extranjero! Pos ale, hacia la peluquería. Me quedo sorprendido de lo meticulosos que son. Eso sí, te vas con todos los pelos en la cara. Pero por 100 pesos (2€)… está genial.

Peluquería en Puerto Plata | © Marc Iglesias |


A la vuelta al hostal, observo que hay un ambiente un poco extraño. De vez en cuando veo entrar y salir mujeres bastante jovencitas. Y algo me dice que no vienen a dormir. Ay mi madre. En algún momento que no recuerdo, Pequeño ya me ofreció mujeres, baratas y limpias, jajaja qué fuerte.
Después de ducharme, bajo a la entrada del hostal y me quedo hablando con otros inquilinos.
Hay varias mujeres de una misma familia, la abuela (44 años) y sus 2 hijas (24 y 17), cada una con un niño de 1 añito. Los maridos en paradero desconocido.
Empezamos a hablar de la sociedad machista y de prostitución en la que vive la República Dominicana, pero para mi sorpresa, no las veo muy afectadas. Es más, les parece normal que las mujeres busquen a hombres para ganar un dinero y poder mantener a sus bebés. La que habla todo el rato es la chica de 24. De repente, ésta, me pregunta si me parece guapa su hermana… ¿Lo cualo!? La verdad es que tiene su encanto la chica. “¿Por qué me lo preguntas?” le digo. Y me suelta “Para ofrecértela”. Así, sin piedad, directo a la cara. No escondo mi impresión y un poco de indignación. Pero ellas lo ven muy lícito, es un intercambio. Aquí la mayoría de edad es a los 16.
Es una proposición realmente impactante para alguien con una cultura y educación como la mía, ya no sé si católica u occidental o qué, pero muy diferente a la de este país, está claro.

Éste no protegía con escopeta sino con un hacha | © Marc Iglesias |


Más tarde, Pequeño hace acto de presencia, me dice que si quiero ir a un club nocturno “sólo para mirar”. Venga, acepto, ya no venía de más hacer otra locura. Además, tenía que ver si era igual que en las pelis. Vaya chasco me iba a llevar.
Montamos los 2 en moto-concho (a parte del conductor claro). No fue hasta el tercer club que pudimos entrar, el resto estaba cerrado, creo que por multas.
A quién se lo ocurre ir a un club de estos a las 22h un domingo… Según Pequeño el espectáculo (mujeres en cueros bailando en la barra vertical) empezaba a las 23h. Entramos y nos sentamos en una mesa. Estábamos él y yo solos en todo el local rodeado de señoritas al acecho. Después de pedir cerveza se sienta con nosotros una moza en ligueros, era amiga del pequeñín. Después de autoinvitarse la mujer (ya que todo lo pago yo desde que salgo con el pitufo) la chica se pone de pie y empieza a bailar bachata o algo parecido. Lo jodío es cuando me saca a bailar. Tierra, trágame. Yo no sé bailar esto! bueno, ni esto ni nada en pareja. Después de intentar coordinar inutilmente el movimiento de cadera y hacer el ridículo, vuelvo a mi silla. “Aquí otro gringo borracho haciendo el ridículo” deberían pensar las espectadoras. Para colmo, la señorita nos confirma que hoy no hay espectáculo porqué no hay público. Coño, no es suficiente con que os vea el gringo-anti-ritmo? Volvemos a casa. Es media noche, y hace una temperatura de fábula a estas horas. Nos sentamos en los escalones de la entrada, viendo pasar a la gente. Mi compi saluda a casi todo el mundo. Sobre la 1 de la madrugada empieza a llover, y en 5 minutos parece el Diluvio Universal. Tan rápido como la lluvia vino, se fue.
GALERIA DE FOTOS

Arcoiris de noche | © Marc Iglesias |


Vida perruna | © Marc Iglesias |


25 sí o sí | © Marc Iglesias |


“SVENDE CAMA, Y ALMARIO” | © Marc Iglesias |


Contraste Victoriano | © Marc Iglesias |


Y Neptuno se cayó | © Marc Iglesias |


Hoja de palmera | © Marc Iglesias |


Cristo sobre una casa de Teletubbies | © Marc Iglesias |


Seguro que quedó muy original… | © Marc Iglesias |


Vistas desde la Loma de Puerto Plata | © Marc Iglesias |


Cercanías del teleférico de Puerto Plata | © Marc Iglesias |


Descubrí una estación Dharma 😛 | © Marc Iglesias |


Vista desde la Casa de Huéspedes | © Marc Iglesias |


Tejados dominicanos | © Marc Iglesias |


Diversión en la playa | © Marc Iglesias |


Rep.Dominicana (4 de 8) – Sosúa

Empieza a ponerse interesante el viaje: chica, playa, Dalí, cagarrinas, pibones
Después de despedirme de mi amiga-con-derecho-a-roce y su hospitalaria familia en Santiago, tomo un cómodo autocar de Caribe Tours destino Sosúa. Por qué allí, porqué prefería evitar ciudades muy turísticas y grandes como Puerto Plata, aunque luego me vería que está plagada de gringos (guiris)…

Coche sin cristales ni luces, de camino a Sosúa | © Marc Iglesias |


He de explicar que conocí a una persona que influyó en la elección de mi siguiente destino (Puerto Plata). María era una chica que se sentó a mi lado en el autocar, una dominicana muy guapa, con unos ojazos y unos labios que enamoran a primera vista. Mira por dónde yo llevaba la cámara en las manos, y lo típico, aquí ven una cámara reflex y te preguntan si eres fotógrafo bla bla bla. Después de charlar un rato, la chica me enseña unas fotos que llevaba para dar a su abuela en Puerto Plata. Me explica que las fotos se las tomó una fotógrafa china en Santo Domingo. Menuda chapuza que le hizo.
A parte de retocarle tanto el rostro que ni se reconocía a la chica, siempre recortaba a la persona para incrustarla (literalmente) en un fondo preparado. Pero vamos, que se veía a kilómetros que era un montaje.
Total, que María me dice que viajaba a Puerto Plata pero se volvía a la capital el mismo día (eso fue lo que me dijo…) Nos caemos bien y nos damos el número de celular (móvil) por si yo volvía a la capital. En fin, que ella se baja del bus y yo prosigo hasta el siguiente pueblo, Sosúa.
Tenía claro dónde me iba a alojar, un hotel relativamente económico que encontré por Internet, parecía alejado del centro, pero cercano a la playa. Tomé un taxi y le indiqué mi destino. Pero iniciar la marcha el conductor me pregunta, de buenas maneras, que por qué me iba a un lugar tan apartado y caro… Juer. A continuación me dice que él conoce una Casa de Huéspedes más céntrico y barato. Como ve que no me convence a la primera, me dice que me lo enseña y, que si no me gusta, me lleva al hotel que le había indicado. Le doy una oportunidad y acepto.
Pues ná, llegamos allá, y me hospedo en una habitación doble porque las individuales no están preparadas. Me la dejan por 25 dólares, ta bien. Lástima que la habitación es más oscura que una cueva y la única luz que tiene, la del techo, ilumina como una vela. Al menos hay Wifi y piscina.

La bonita Casa de Huéspedes en Sosúa | © Marc Iglesias |


Paso la tarde leyendo emails, noticias, y actualizo el Blog. Al día siguiente madrugo con la idea de no abrasarme en la playa. Por fin iba a ver una playa dominicana! Pues ya os aviso que no vayáis antes de las 11h a la playa de Sosúa, porque da la sombra en toda la arena hasta esa hora… Pues nada, aprovecho para recorrer la costa. Cada 20 metros esquivo a un hombre que me quiere ofrecer tumbonas por 100 pesos todo el día (2€), excepto uno, que la ofrecía gratis porque tenía además un bar y sabía que ibas a consumir. Pues ahí me quedé, pidiendo un coco-loco.

Coco-Loco (cuidadito con el hielo) | © Marc Iglesias |


No sé qué provocó exactamente las cagarrinas que iba a tener las siguientes 48 horas, pero todas las papeletas las tiene el hielo del coco y de la cocacola que tomé luego durante la comida. Maldita sea, con lo que apetece tomar las bebidas fresquitas en el Caribe, pero mejor abstenerse de tomar hielo en lugares así, o preguntar si es industrial.
La playa es bonita sí, pero no espectacular. Me recuerda a Tossa de Mar, rodeado de vegetación, aunque en Sosúa hay en toda la costa, no solo en los extremos. Lástima que habían bastante olas.
Después de tostarme un poco, vuelo al hostal, y allá conozco a otros inquilinos.
Un hombre mayor canadiense, menudo personaje. Se parece a Salvador Dalí, pelo gris canoso y algo largo, con bigote fino aunque sin los rizos del famoso pintor. Sólo habla francés. Pues es que la similitud no es solo física, sino también está como una cabra. Parece que tiene problemas con el alcohol. Nos cuenta que una noche vuelve con 2 mujeres haitianas, ya medio borracho, y éstas le drogaron para sedarlo. Resultado, le robaron 4000 dólares entre efectos personales y efectivo. Menudas hijas de puta.
También conozco a una pareja formaba por un hombre cincuentón, atractivo, también canadiense. Y su mujer, un pibón increíble, dominicana, muy muy guapa, pero con tetas de mentira. Creo que tenía 28 años y con 3 críos, de padres no muy conocidos. Desgraciadamente es una historia muyyy común en este país.
Pues esta parejita me dice que no puedo irme de Sosúa sin haber salido de noche y conocer el ‘ambiente’ de puterío de esta localidad. Coño. Me dicen que tranquilo, que solo saliendo a mirar ya es toda un experiencia. Pues ale, allá vamos.
No os digo cómo se arregló la mujer para ir a la discoteca, realmente espectacular. Si algo saben las mujeres dominicanas es arreglarse y ponerse bien sexy. Jaaaarl.

Cocos dominicanos 😀 | © Marc Iglesias |


Aunque la disco está a 10 minutos caminando tenemos que ir en moto-concho porqué la señorita lleva unos tacones que flipas. El sitio es un bar/discoteca de 2 plantas. La superior es la pista de baile, la inferior un bar de copas lleno de hombre extrajeros y chicas dominicanas y algunas haitianas, muy provocativas, buscando ‘clientes’. Mini faldas extremas y escotes de infarto, mostrando unos pechos ya de por si grandes realzados por sujetadores tipo wonderbra.
La mujer del canadiense ya me había avisado de las tácticas que usan estas mujeres para ‘atrapar’ a los hombres. Y es con la mirada. Guau. Ver para creer. Realmente es como un imán. Genial la escena de ver a una haitiana que quitaba el hipo, que acababa de entrar al local y que se queda mirando al canadiense. Lo bueno es que lo estábamos presenciando tanto su pareja como yo. Le clavó la mirada al tío que se lo comía vivo. Y lo gracioso fue cuando la haitiana desvía la mirada y ve a la pareja de éste también mirándola, queriéndole decir algo como “deja a mi marido maldita perra”. La haitiana al darse cuenta de la cagada va y se ríe. Ay qué maja.
Pues eso, un espectáculo ver el desfile continuo de mujeres súper sexy’s yendo y viniendo. Y todas buscan lo mismo, un hombre que les pague por sexo.


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