¡Uno de los días más intensos e interesantes de mi vida! : susto, putiferio, ‘Pequeño’, night-club
Antes de nada, decir que ya he visto con mis propios ojos a una moto en la que iban: niño + adulto + niño + niño + adulto. Qué grande.

En esta ocasión, además de 2 adultos, “sólo” iba 1 bebé… | © Marc Iglesias |


Recordáis a María, la chica que conocí en el autocar camino a Sosúa? (hablé de ella en el artículo anterior)…
Pasó 1 día entero hasta que me acordé que no tenía cobertura de móvil en la habitación del hostal de Sosúa. Al buscar señal recibo aviso de 6 (seis) llamadas perdidas de María.
Qué raro, se suponía que ella estaba en Santo Domingo, y habíamos quedado en que yo le llamaría si pasaba de nuevo por la capital. Voy a llamarla, a ver qué quiere.
Me dice que estubo intentando localizarme porque el día anterior había estado en Sosúa, pero que ahora estaba en Puerto Plata. A ver, no entiendo nada. Pero si me dijo el día que nos conocimos que ése mismo día volvía de nuevo a Santo Domingo. ¿Qué demonios seguía haciendo en el norte del país?
Le explico que yo no estaba fino, algún alimento me había sentado mal, pero que si al día siguiente me encontraba mejor la llamaria para ir a verla a Puerto Plata. Me dice que Ok, pero que a la tarde ya se iba.
Al día siguiente me levanto a las 8h. Mierda, no hay electricidad, y apenas veo en la habitación/cueva. Al menos me encuentro mejor del estómago. Desayuno y llamo a María; no responde. Mmm bueno, voy a esperar, quizá ta sobando y no lo oye. Le envío SMS diciendo que me encuentro bien, y que si le apetece quedar que me diga dónde voy de Puerto Plata. Pasa 1 hora, sin respuesta. Coñazo porque al no haber luz tampoco hay Wifi. Joder, qué hago. Sabes qué, me piro pa Puerto Plata de todos modos, ya me dará señales de vida la chica por el camino… Pobre iluso.
Decidí pillar un carro-público. Qué caña, 45 pesos (menos de 1€) un trayecto de unos 25km. Eso sí, apretado con una titi en el asiento de copiloto.

Pollito! | © Marc Iglesias |


Llegando a Puerto Plata, me pregunta el conductor que dónde me deja. Yo le respondo lo que me salió del alma, que ni idea. Pues se me quedan el conductor y pasajeros mirando. Suerte que al momento se ríen… Le digo que estoy esperando la llamada de una amiga, pa decirme dónde cojones tengo que ir.
El pagafantas llama de nuevo a María; sigue sin contestar. La madre que la trajo.
El conductor finalmente me deja una zona conocida, el Parque Central. Pos ale, cargo la mochilota de 60 litros a la espalda, y la delante la pequeña con el portátil y cámara. Discreto que es uno oye.

Preciosas palmeras dominicanas | © Marc Iglesias |


Y empiezo a caminar sin rumbo, bueno sí, a la playa. Mientras paseo, voy mirando el móvil cada 5 minutos, por si la señorita se digna a dar señales de vida. Como ya podréis imaginar, nunca más se supo. Impresentable. Tate, que ésta cuando le pique el chichi me llamará, o sea, cuando quiera dinero, sino tiempo al tiempo.
Paseo por el bonito Malecón, la avenida que transcurre paralela al mar.

Paseando por el Malecón de Puerto Plata… | © Marc Iglesias |


Cada vez que tomo una foto guardo la cámara. De vez en cuando veo grupitos de gente, y no me fío un pelo.
Desde la calle, que está como a 5 metros elevada sobre el nivel del mar, veo un tronco de árbol caido en una bonita zona de playa. Previsualizo la foto; seguro que queda genial. Como no veo a nadie alrededor, me animo a bajar hasta la zona solo. O eso pensaba yo, que no había nadie más.
Cuando llego al tronco, y estando a punto de dejar las mochilas en el suelo, me habla un tío a sólo 2 metros de distancia. Jo-der-qué-sus-to.
Me giro, y veo un ‘blanquito’ (llaman así a toda persona americana o europea).
Michael, que así se llama, primero me advierte que no esté solo en sitios como éste. Que si él me ha visto, un ‘tigre’ (delincuente) también puede, y si me ven con una cámara ‘grande’ como la mía ya ni te cuento.
A continuación me explica una historia que me trago de pleno. Dice ser un austríaco al que robaron el pasaporte y dinero, y que hasta dentro de dos semanas no recibirá una ayuda de no se quién. En fin, me dice que sólo quiere que le acompañe a una tienda de cigarros a oír una charla (me da una tarjeta del lugar), y así él ganarse 200 pesos (4€) de comisión, asegurándome que no tendré que comprar nada. Dice que al menos así tiene para comer. Intento darle largas, pero a parte de seguir insistiéndome, me voy dando cuenta que no me conviene enfadarlo estando ahí solo, y con todas mis pertenencias encima. Al comentarle que aún no sé dónde me alojaré me comenta que conoce un lugar realmente barato, limpio y tranquilo, donde él estuvo hospedado. Parece que no tengo escapatoria. Antes de irnos le digo que me deje tomar las fotos que había venido a hacer…

Una de las fotos que tomé después del susto | © Marc Iglesias |


Pos ale, que pase lo que tenga que pasar, sigo a Michael. Éste silba a un taxista que estaba aparcado al otro lado de la carretera. Parece que se conocen. Mira tú qué casualidad. Comisión viene, comisión va. En 5 minutos nos plantamos delante de una tienda de cigarrillos, pero pa mi sorpresa no entramos ahí, sino que subimos unas escaleras justo al lado. Era el hostal que me había comentado. Aquí me presentan a Pequeño, un hombre moreno y bajito (quien por cierto ése mismo día cumplía 44 años). Es quien alquila las habitaciones, y mi fuente de futuras y enriquecedoras vivencias.

‘Pequeño’ de nombre, pero gran corazón | © Marc Iglesias |


Me enseña el lugar, de lo más humilde que he visto, pero me lo deja en 250 pesos (5€) la noche. Mi habitación es pequeña, aparentemente tranquila, de pareces blancas y sucias, sin decoración. Una mini TV y un cuartito de baño con ducha. El agua caliente que me prometió Michael brilla por su ausencia, pero en el Caribe tampoco sale helada. Quien, por cierto, al ver que me quedaba en el hostal me pide 200 pesos para comer. Sea verdad o no, gracias a él encuentro este chollo de lugar y acepto a darselos.

“El España” primera Casa de Huéspedes de Puerto Plata (yo me alojé en la rosa) | © Marc Iglesias |

Me dice que después de comer me pasa a buscar para ir al sitio ése de los cigarros (Sería el que estaba justo al lado del hostal?) No lo sé, aún espero que me lleve… Pequeño me explica más tarde, que la historia de Michael es falsa. Pues qué rebuscado el hombre, si me llega a decir desde el principio que a cambio de 4€ me lleva a un hostal barato seguramente habría aceptado. Desgraciadamente voy descubriendo que aquí miente muchísima gente, ya sea para necesidad o por vicio.
Pequeño me pregunta qué quiero para comer, y mi sorpresa cuando me dice que él me lo va a comprar y cocinar! Yuhuuuu. Ya os comento que en los próximos días este crack me preparará desayunos, comidas y cenas, y todo bien rico.
Después de conocer a una de sus hijas, salgo con él a dar una vuelta.

Bienvenida de una de las hijas de ‘Pequeño’ | © Marc Iglesias |

Me dice que con él puedo salir a tomar fotos con tranquilidad, aunque Puerto Plata no aparenta ser tan peligroso como las grandes ciudades. He de aprovecharlo.

Sirena en el puerto | © Marc Iglesias |


Algunos encuentran demasiada tranquilidad dentro de las Iglesias | © Marc Iglesias |


Salir con él es ya una aventura, todo el mundo me reconoce como gringo (turista) a millas y me quieren ofrecer algo (desde taxis a prostitutas) o pedir dinero. Pero lo bueno es que Pequeño les grita “¡Pero si es mi primo Pancho, de Santiago!” y se ríe. Pues sí, el tío me ha bautizado como Pancho. Hay que joderse.
No he tardado mucho en darme cuenta que todos en la zona se conocen, y se hablan en código, no es coña. Avisan de si a tal turísta es fácil sacarle dinero, o que es duro de pelar, como yo. Entre lo tacaño que soy a veces, y que aquí casi todo el mundo te quiere timar…
Pequeño me pregunta si quiero ir a la peluquería, no es que me haga mucha falta, pero tendré que ir igualmente. Por cierto, otra ventaja es que yendo a los sitios con él, consigo que no me cobren el 200% o 300% por ser extranjero! Pos ale, hacia la peluquería. Me quedo sorprendido de lo meticulosos que son. Eso sí, te vas con todos los pelos en la cara. Pero por 100 pesos (2€)… está genial.

Peluquería en Puerto Plata | © Marc Iglesias |


A la vuelta al hostal, observo que hay un ambiente un poco extraño. De vez en cuando veo entrar y salir mujeres bastante jovencitas. Y algo me dice que no vienen a dormir. Ay mi madre. En algún momento que no recuerdo, Pequeño ya me ofreció mujeres, baratas y limpias, jajaja qué fuerte.
Después de ducharme, bajo a la entrada del hostal y me quedo hablando con otros inquilinos.
Hay varias mujeres de una misma familia, la abuela (44 años) y sus 2 hijas (24 y 17), cada una con un niño de 1 añito. Los maridos en paradero desconocido.
Empezamos a hablar de la sociedad machista y de prostitución en la que vive la República Dominicana, pero para mi sorpresa, no las veo muy afectadas. Es más, les parece normal que las mujeres busquen a hombres para ganar un dinero y poder mantener a sus bebés. La que habla todo el rato es la chica de 24. De repente, ésta, me pregunta si me parece guapa su hermana… ¿Lo cualo!? La verdad es que tiene su encanto la chica. “¿Por qué me lo preguntas?” le digo. Y me suelta “Para ofrecértela”. Así, sin piedad, directo a la cara. No escondo mi impresión y un poco de indignación. Pero ellas lo ven muy lícito, es un intercambio. Aquí la mayoría de edad es a los 16.
Es una proposición realmente impactante para alguien con una cultura y educación como la mía, ya no sé si católica u occidental o qué, pero muy diferente a la de este país, está claro.

Éste no protegía con escopeta sino con un hacha | © Marc Iglesias |


Más tarde, Pequeño hace acto de presencia, me dice que si quiero ir a un club nocturno “sólo para mirar”. Venga, acepto, ya no venía de más hacer otra locura. Además, tenía que ver si era igual que en las pelis. Vaya chasco me iba a llevar.
Montamos los 2 en moto-concho (a parte del conductor claro). No fue hasta el tercer club que pudimos entrar, el resto estaba cerrado, creo que por multas.
A quién se lo ocurre ir a un club de estos a las 22h un domingo… Según Pequeño el espectáculo (mujeres en cueros bailando en la barra vertical) empezaba a las 23h. Entramos y nos sentamos en una mesa. Estábamos él y yo solos en todo el local rodeado de señoritas al acecho. Después de pedir cerveza se sienta con nosotros una moza en ligueros, era amiga del pequeñín. Después de autoinvitarse la mujer (ya que todo lo pago yo desde que salgo con el pitufo) la chica se pone de pie y empieza a bailar bachata o algo parecido. Lo jodío es cuando me saca a bailar. Tierra, trágame. Yo no sé bailar esto! bueno, ni esto ni nada en pareja. Después de intentar coordinar inutilmente el movimiento de cadera y hacer el ridículo, vuelvo a mi silla. “Aquí otro gringo borracho haciendo el ridículo” deberían pensar las espectadoras. Para colmo, la señorita nos confirma que hoy no hay espectáculo porqué no hay público. Coño, no es suficiente con que os vea el gringo-anti-ritmo? Volvemos a casa. Es media noche, y hace una temperatura de fábula a estas horas. Nos sentamos en los escalones de la entrada, viendo pasar a la gente. Mi compi saluda a casi todo el mundo. Sobre la 1 de la madrugada empieza a llover, y en 5 minutos parece el Diluvio Universal. Tan rápido como la lluvia vino, se fue.
GALERIA DE FOTOS

Arcoiris de noche | © Marc Iglesias |


Vida perruna | © Marc Iglesias |


25 sí o sí | © Marc Iglesias |


“SVENDE CAMA, Y ALMARIO” | © Marc Iglesias |


Contraste Victoriano | © Marc Iglesias |


Y Neptuno se cayó | © Marc Iglesias |


Hoja de palmera | © Marc Iglesias |


Cristo sobre una casa de Teletubbies | © Marc Iglesias |


Seguro que quedó muy original… | © Marc Iglesias |


Vistas desde la Loma de Puerto Plata | © Marc Iglesias |


Cercanías del teleférico de Puerto Plata | © Marc Iglesias |


Descubrí una estación Dharma 😛 | © Marc Iglesias |


Vista desde la Casa de Huéspedes | © Marc Iglesias |


Tejados dominicanos | © Marc Iglesias |


Diversión en la playa | © Marc Iglesias |